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¿Qué son las SPAC y por qué 2020 ha sido su año?

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09/09/2020
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El año 2020 iniciaba su andadura como cualquier otro año, entre la esperanza de ser mejor que el 2019 y la incertidumbre propia de lo que está por venir, pero un anecdótico virus al que muy pocos le veían recorrido lo cambió todo. Lo que podía haberse quedado en algo local derivó en una crisis económica global de esas que suceden una vez cada cien años. La incertidumbre ante el futuro y la necesidad de supervivencia de las empresas ante ese escenario de absoluta devastación económica las obligó a explorar nuevas formas de captación de recursos y entre ellas el utilizar, para salir a Bolsa, el enganche a una SPAC.

¿Pero, qué es una SPAC?

Una SPAC (Special Purpose Acquisition Company) es una empresa sin operativa comercial que se constituye con el fin de adquirir una empresa o activo existente. Asimismo, la obtención del capital necesario se realiza a través de una oferta pública inicial (OPI). También conocidas como «compañías de cheques en blanco», las SPAC existen desde hace décadas, aunque su utilización se ha generalizado a raíz de la crisis del Coronavirus, como una vía menos burocrática y más rápida de acceder al mercado de capitales. Muchas empresas privadas prefieren fusionarse con una firma de cheques en blanco que pasar por el costoso y lento proceso de recaudar dinero mediante una oferta pública inicial más tradicional.

Estas entidades han estado siempre rodeadas de polémica, pues han sido criticadas por muchos al no tener un plan o propósito comercial específico y tener un modelo de negocio centrado en participar en una fusión o adquisición con otras empresas. El objetivo principal de la SPAC es salir a bolsa pero pueden salir a cotizar en el mercado incluso aunque no hayan completado la compra de una compañía ni tengan intención de hacerlo. En lo que llevamos de año, en Estados Unidos han surgido 50 nuevas SPAC‘s que suponen más de 28.600 millones de dólares. Esta cuantía representa más del doble de lo que se registró en 2019 (13.600 millones). Muchos aseguran que a cierre de 2020 podemos ver que la recaudación de estas compañías oscilarán entre 40.000 a 50.000 millones de dólares.

Entre los acuerdos de las SPAC’s más recientes encontramos algunos nombres de empresarios de renombre, como la que involucró a Virgin Galactic de Richard Branson en 2019 o la de Bill Ackman, fundador de Pershing Square Capital Management, que patrocinó su propio SPAC, Pershing Square Tontine Holdings, el SPAC más grande de la historia, recaudando 4.000 millones de dólares.

El hecho de que compañías de primera línea respaldadas por empresarios como Branson y Ackman estén adoptando los SPAC ha ayudado a borrar parte de su estigma original. Hubo un tiempo en que los inversores veían los acuerdos de SPAC con burla. La creencia era que si necesitaban cotizar en bolsa a través de una fusión inversa con una empresa fantasma ya existente, probablemente no estaban lo suficientemente sanas como para hacer una oferta pública inicial más tradicional.

El acervo genético de los SPAC ha aumentado porque hay empresas más sólidas que realizan estos acuerdos, hay un mejor historial y objetivos más creíbles y de alto valor, por lo que el desfile de SPAC probablemente continúe al alza en lo que queda de 2020.

¿Una nueva burbuja?

Los críticos de esta fórmula apuntan que las empresas están siendo oportunistas y están utilizando sus acciones como moneda para comprar otras empresas mediante estas OPI aceleradas, lo que aumenta el apetito insaciable por nuevas acciones – especialmente las tecnológicas – que ya empiezan a acusar síntomas de burbuja con valoraciones excepcionalmente altas.

Los minoristas deben actuar con cuidado antes de respaldar a las SPAC en masa. La gran cantidad de OPV de SPAC y la gran variedad de patrocinadores involucrados indican síntomas propios de una burbuja en ciernes, que podría terminar mal para algunos.

Algunas críticas sobre el funcionamiento de las SPAC

Las SPAC han tenido una historia accidentada al haberse utilizado, en la mayor parte de ocasiones, para facilitar la ruta de una empresa hacia el mercado. Todo ello sin el engorro burocrático de tener que cumplir con las reglas más estrictas de cotización y buen gobierno que se aplican a las firmas tradicionales.                           

Sus críticos se han quejado y, con razón, de que en muchos casos las recompensas están ampliamente sesgadas hacia sus fundadores, si bien las últimas que han aparecido en el mercado estadounidense han suavizado este sesgo buscando tranquilizar y atraer a más inversores nuevos.

Si las SPAC están destinadas a ejercer un papel mayor en un futuro, deberán estar claramente orientadas a favorecer a los inversores y no a convertir en multimillonario, de la noche a la mañana, a su fundador o fundadores, además de ser claramente supervisadas por el regulador que deberá detectar cuando se estén utilizando para eludir las estrictas reglas que deben acreditar las compañías para salir a Bolsa.

Conclusión

Las SPAC son una opción de inversión con el aura del éxito que parece acompañar a las compañías de tecnología puntera que a día de hoy, están catapultando los índices americanos, pero nada garantiza que las SPAC calientes de hoy sigan siendo las favoritos de Wall Street en el futuro. El historial de muchas acciones recientes de cheques en blanco es irregular en el mejor de los casos. Los partidarios de la nueva generación de SPAC aseguran que han aprendido de errores anteriores y que sobrevivirán incluso cuando el mercado cambie. Muchos puede que lo hagan y otros, desde luego, no lo harán. Como ha sido y será siempre para cualquier inversión financiera por novedosa y exitosa que parezca.

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