En las últimas semanas, la noticia de la fusión entre Caixabank y Bankia ha dado lugar a la publicación de cientos de artículos, análisis y opiniones sobre todos los aspectos operativos de la misma: de cómo se va a llevar a cabo, de sus ventajas e inconvenientes o de los efectos que provocará sobre clientes y trabajadores.

Uno de los asuntos que conlleva a este retorno al inquietante “too big to fail” al que nos dirigimos a marchas forzadas, es el relativo a la afectación de las macro-concentraciones con respecto a las Fintech que ya colaboran con los bancos, e incluso respecto a los programas de aceleración que, en el seno de los mismos, han surgido durante los últimos años.

¿Cómo afectará al sector una nueva ola de fusiones?

La realidad es que el hecho de volver a una concentración bancaria como la de épocas pasadas va a generar una importante reducción de la oferta de productos de inversión tradicionales por parte de las entidades, un peor servicio presencial a causa de la eliminación de miles de puestos de trabajo de comerciales de sus redes y una oportunidad más para que las Fintech, las Welthteach, la gestión indexada y los servicios financieros online sean la opción primera de los clientes para satisfacer sus necesidades económicas.

Tecnológicamente, durante el proceso de fusión de las entidades, la duplicidad de soluciones digitales ya integradas en esos grandes Bancos podrían ocasionar complicaciones tecnológicas relevantes y una transición compleja hasta que las marcas y sus plataformas se integren adecuadamente con los insalvables inconvenientes para los clientes y usuarios de las mismas. Un factor que puede favorecer el que los clientes   dirijan su atención a explorar otras soluciones tecnológicas existentes.

A su vez, esto favorecerá el imparable y sostenido crecimiento de las plataformas de inversión Fintech que ofrecen cada vez más, mejores y nuevos servicios a precios súper competitivos y con una oferta ágil que se adecua a las necesidades del cliente en tiempo real. Sin absurdas permanencias, clausulas imposibles, penalizaciones medievales o comisiones infinitas por servicios deficientes o poco satisfactorios.

¿Cómo afectará a los productos de inversión?

Respecto al negocio sobre el pasivo bancario, una fusión obligaría a las entidades (según el manual) a crear productos para retener al cliente que no acabe de ver claras las bondades de la fusión de su entidad de cabecera. El problema actual es que con unos tipos de interés en terreno pírrico (cuando no negativo) y unos Bancos inundados por enormes costes y sujetos con pinzas a base únicamente de cobrar comisiones, el premiar a los depositantes con productos de alta rentabilidad es, hoy por hoy, imposible para ellos.

Otro aspecto clave del modelo de negocios de las instituciones tradicionales fue tener ubicaciones físicas que atraían depositantes como moscas a la miel. Pero la relación entre una red física y la participación de los depósitos, básicamente, se ha roto. El simple hecho de tener una sucursal en cada esquina ya no atrae y, lo dejó de hacerlo hace mucho tiempo, el mismo nivel de depósitos que antes. Imagínense si ya no existe ni la sucursal. Unas circunstancias que de nuevo, sumarán para que los clientes se vayan acercando más hacia soluciones digitales que no soporten los costes de una fusión bancaria tradicional.

¿Y con la financiación a particulares o empresas?

Por lo que se refiere al negocio sobre el activo bancario, cuando se producen fusiones de este tipo la consecuencia inmediata es la limitación del número de financiadores a los que los clientes – sean personas físicas o jurídicas- pueden dirigirse. Y lo que es peor, que la masa de crédito disponible se reduce con respecto a los volúmenes previos a la fusión de turno.

Los préstamos hipotecarios no son un negocio de balance para la mayoría de los bancos, y el negocio de las tarjetas de crédito se ha consolidado en gran medida entre unos pocos actores. Todo esto ha restringido el lado de los activos del balance de la mayoría de instituciones financieras al uso.

De nuevo, se abre más la ventana de oportunidad para las empresas digitales que ofrezcan financiación alternativa a la tradicional bancaria tanto para personas jurídicas como físicas.

Así pues, las concentraciones bancarias no han de causar inquietud ninguna a las Fintech. Todo lo contrario, son una oportunidad de negocio y de servicio para el cliente bancario que ante situaciones como estas, se inquieta y necesita de un servicio ágil, eficiente y desburocratizado.

¿Cómo se prevé el futuro del sector?

Las fusiones bancarias van a seguir produciéndose por la exigencia de Europa y por el instinto básico de supervivencia de las entidades que solamente pueden seguir existiendo a base de reducir costes vía concentración. El regulador español y las autoridades europeas harán todo lo posible para que se sigan produciendo fusiones.

En un paso más allá, no tardaremos en asistir a un nuevo tipo de fusiones. Las protagonizadas por Fintechs con Bancos. Un tipo de fusiones novedosas y que no se verán acompañadas de las cargas habituales que rodean a estas integraciones: redes de sucursales duplicadas que resolver, edificios que cerrar, tecnología heredada de la que deshacerse y los indeseables recortes de empleos.

Y es que en el entorno futuro de las fusiones, seguiremos asistiendo a integraciones tradicionales, pero también a que algunas organizaciones Fintech extiendan sus servicios mientras que los bancos tradicionales probablemente adquirirán otras organizaciones digitales.

Son tiempos de fusiones, pero también de oportunidades, y de obtener con ellas una mayor transparencia, calidad, eficiencia y beneficio al contratar servicios y productos financieros.