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Invertir en Deuda corporativa: opción interesante en entorno de tipos bajos

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19/02/2020
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Inmersos de lleno en un universo de emisiones de deuda gubernamental con tipos negativos y tras un lustro de tener que convivir con tipos cero, a los inversores no les queda más remedio que intentar buscar la codiciada rentabilidad hasta debajo de las piedras.

La rentable opción de invertir en fondos de deuda emitida por gobiernos que en el pasado ofrecían rentabilidades prácticamente aseguradas y recurrentes con un riesgo muy pequeño se ha desvanecido como opción de inversión y la deuda pública es uno de los activos que peores datos de rentabilidad está cosechando debido a la política laxa de los bancos centrales. Situación que solo puede agravarse aún más debido a la reactivación del programa de compra de deuda pública por parte del BCE.

Ante panorama semejante una de las opciones a las que recurrir es la de la deuda corporativa.

¿Qué es la deuda corporativa?

Se llama deuda corporativa a la deuda que emite una empresa y que pone en circulación en el mercado para fomentar su crecimiento a través del capital que recaude al comercializar la misma entre los inversores. De este modo las empresas obtienen liquidez y financiación para sus fines comerciales.

La contratación de un bono corporativo supone el aceptar un nivel de riesgo superior al de los bonos o las letras del tesoro que emiten los estados que están respaldados por gobiernos de países y no por empresas privadas, al desarrollarse la operación en el marco del ámbito privado de la economía y fiar su buen desempeño al del éxito de la empresa en cuestión. Es por eso que en compensación la rentabilidad (el interés) ofrecida por los bonos corporativos es siempre superior a la de los entes públicos.

Las emisiones de deuda corporativa que las empresas ponen en circulación para financiarse encuentran su acomodo en los mercados regulados a los que pueden acudir los inversores para comprar títulos de las mismas y así obtener la rentabilidad acordada al vencimiento determinado. 

Tipos de deuda corporativa

Los bonos corporativos emitidos por una empresa y en función de la forma de pago pueden clasificarse entre simples (en los que se cobra lo invertido más los intereses a vencimiento) o emitidos al descuento (que reparten cupones periódicos y un pago final).

Otra clasificación habitual es la que los divide entre subordinados y convertibles. Los subordinados son aquellos que otorgan a su tenedor, en el supuesto de suspensión de pagos del emisor, el derecho a ser resarcidos con los activos de la empresa por detrás de los acreedores comunes. En el caso de los convertibles son aquellos que generan rentabilidad hasta su conversión por acciones en una fecha determinada.

La clasificación más relevante para estos instrumentos, a efectos de gestión de activos, es la que viene dada por su rating. La deuda de las empresas tiene un rating; una calificación de riesgo de impago, por lo que a mayor riesgo deben ofrecer mayor rentabilidad y viceversa.

Así, la deuda corporativa puede ser calificada como Investment Grade o con grado de inversión, que corresponde a las emisiones de mayor solvencia de grandes compañías y Non Investment Grade que agrupa compañías con mayor riesgo hasta las especulativas o High Yield que corresponde a la emitida por pequeñas compañías con un grado de solvencia más discutible. Evidentemente, a menor grado de solvencia, mayor riesgo y mayor posible rentabilidad.

¿Cómo invertir en deuda corporativa?

Para invertir en deuda corporativa caben dos opciones: acudir a los mercados regulados o suscribir un fondo de inversión de la categoría.

En el caso de acudir al mercado, se trata de un mercado regulado y supervisado con un sistema electrónico de negociación para deuda como el de la Bolsa de valores. Es un mercado especializado y poco accesible para inversores minoristas.

La opción mayoritaria, profesionalizada, fiscalmente eficiente e hiper especializada es la de contratar un fondo de inversión de deuda corporativa de entre los cientos a disposición de los clientes minoristas y que son ofrecidos por la multitud de gestoras nacionales y extranjeras que existen en nuestro país.

Las ventajas de esta opción son claras, pues en la mayoría de los casos, el acceso es posible con importes pequeños, la oferta es inmensa y la gestión está profesionalizada a un nivel de los más elevados entre la gestión de activos mediante instituciones de inversión colectivas.

Conclusión

Ante una situación en que los tipos de interés negativos o cero han llegado para quedarse, unos bonos gubernamentales con rentabilidades exiguas que se quedan en nada al restarles la inflación y unos bonos senior empresariales con rendimientos paupérrimos la solución más adecuada para pequeños inversores que buscan diversificar su cartera y obtener un extra de rentabilidad es la de suscribir fondos de inversión de deuda corporativa gestionados activamente por gestoras especializadas en el segmento y que hayan aportado valor consistente a lo largo del tiempo. Fondos especializados con comisiones ajustadas, gestionados profesionalmente, con carteras conformadas por títulos de grandes compañías y elevada solvencia, con bonos de empresas de crecimiento con tipos de interés más elevados y con la mezcla justa de bonos de compañías investment grade y de high yield son la mejor opción para quien busque las añoradas rentabilidades que hasta hace unos años ofrecían los estados con sus tipos normalizados.

En un mundo en el que las inversiones conservadoras detraen valor, la única opción pasa por asumir un mayor nivel de riesgo – para la parte más agresiva de la cartera- y  los fondos de inversión de deuda corporativa son sin duda, uno de los vehículos más adecuados para ello.

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