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Fiscalidad del Crowdlending

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18/03/2020
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La innovación, la digitalización de las finanzas y la búsqueda de rentabilidad a través de nuevos modelos de negocio han favorecido la aparición de nuevos servicios financieros que buscan maximizar los cada vez más escurridizos intereses que generan los productos bancarios tradicionales.

El interés que suscitan estas nuevas formas de invertir- a través de actividades que son susceptibles de alcanzar rentabilidades destacadas y a la vez de aportar diversificación a las carteras – está creciendo exponencialmente y siendo incorporado por muchos inversores cansados del monolítico catálogo de inversiones tradicionales. Pero la novedad en productos y servicios va siempre inexorablemente ligada a la vieja tradición del paso por la caja de las autoridades fiscales.

Conviene pues analizar los aspectos más destacados relativos a la fiscalidad de estos productos y en concreto de los partícipes con carteras de créditos y activos participativos a través del crowdlending.

¿Soy un inversor prestamista o bien una empresa acreedora?

En el crowdlending encontramos dos partes diferenciadas. Por un lado, las empresas demandantes de fondos que van a solicitar financiación mediante préstamos con tipos de interés más atractivos de los que ofrecerán las entidades financieras al uso y para financiar proyectos concretos. en el otro lado, encontramos a los particulares o personas jurídicas que se van a convertir en acreedores de las empresas. Estos particulares reciben pues, unos intereses por el préstamo junto al capital aportado al vencimiento del préstamo.

Los intereses cobrados por los particulares tienen la consideración de rendimientos de capital mobiliario en el IRPF y, por tanto, tributan como tales en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

Las empresas que son financiadas por los préstamos de los inversores los tratarán contable y fiscalmente como si los recibiesen de una entidad financiera, siendo gastos deducibles, para ellas en el Impuesto de Sociedades, los intereses abonados a sus inversores.

De acuerdo con el Artículo 25 (Rendimientos íntegros del capital mobiliario) de la Ley Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), los intereses obtenidos en las plataformas de crowdlending tributan de modo general como rendimiento de capital mobiliario.

Gozan, por lo tanto, del mismo tratamiento fiscal que los intereses generados por los dividendos que nos abona una acción que los reparta o por los intereses que genere un depósito a plazo. De acuerdo con la escala vigente para rendimientos de capitales mobiliarios, el impuesto que se nos aplica en el IRPF será del 19% para las cantidades inferiores a 6.000€, del 21% para los cantidades entre 6.000€ y 50.000€, y del 23% para los cantidades superiores a 50.000€

Es importante señalar que el inversor deberá, para computar la cantidad de rendimiento de capital mobiliario sobre la que se aplicarán los porcentajes anteriores, sumar el resto de ganancias obtenidas con otros activos financieros que tributan como capital mobiliario ( acciones, depósitos, fondos de inversión, ETF´s, etc…) así como el resto de intereses generados en otras plataformas de crowdlending y deducirse las pérdidas patrimoniales del ejercicio fiscal en curso.

En cuanto a las retenciones fiscales, ojo aquí, pues la política de retención de impuestos no es homogénea para todas las plataformas de crowdlending y no todas retienen los impuestos en origen y lo entregan directamente a Hacienda, con lo que aparecerá en el borrador de nuestra Declaración de la Renta. De ser así, será obligación del inversor informar a Hacienda de esas ganancias patrimoniales.

Hasta aquí las características generales de la tributación en crowdlending. En otra entrada del blog trataremos más adelante, las particularidades del crowdlending inmobiliario que constituye un mundo en sí mismo por las características peculiares de sus posibles participantes.

¿Y cómo tributo los préstamos fallidos?

Cuando hablamos de crowdlending estamos hablando de préstamos que si todo va bien no generan ningún problema operativo, pero puede darse la circunstancia de préstamos fallidos.  Los préstamos fallidos podrán reconocerse como pérdidas patrimoniales en determinadas circunstancias distinguiendo entre inversores personas físicas y jurídicas, ya que el tratamiento y reconocimiento de la pérdida patrimonial es diferente. Según la literalidad de la ley:

  • Para un inversor persona física, podrá reconocerse una pérdida patrimonial deducible en el IRPF cuando se reconozca judicialmente la pérdida (bien por alcanzar un acuerdo homologado judicialmente de quita, o que adquiera eficacia el convenio en una fase concursal) o cuando transcurra más de un año desde que el procedimiento judicial, distinto del concurso, esté parado, sin que haya habido ningún cambio ni haya sido satisfecho.
  • En el caso de persona jurídica se podrá reconocer un gasto fiscalmente deducible en el Impuesto de Sociedades, siempre que se haya contabilizado la pérdida por deterioro de los créditos, y que transcurran algunas de las siguientes causas: transcurso de un periodo superior a seis meses desde el vencimiento de la obligación, que el deudor esté en situación de concurso o por la existencia de una resolución judicial.

Para finalizar, pero sin dejar de ser muy relevante, indicar que en nuestro país, a diferencia de algunos países de nuestro entorno, los inversores particulares que prestan su dinero a empresas no gozan de ninguna deducción en su declaración de la renta. Aspecto sobre el que animamos al legislador para abordarlo, pues el crowdlending no solo favorece a empresas y particulares, sino que incide directamente sobre la economía real y el progreso económico de los países. Apuntar que, amén de esta información, en todo caso, es siempre prudente y aconsejable el recabar el apoyo de un gestor fiscal profesional para cumplir con las obligaciones tributarias, más aún cuando se trata de servicios y productos financieros novedosos y en permanente revisión de su tratamiento fiscal. 

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