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Depósitos y liquidez: Un coste de oportunidad demasiado alto

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25/06/2020
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De forma comprensible, por la situación derivada del confinamiento vírico y las tragedias mortales fruto de la epidemia global, los españoles siguen refugiando su ahorro en los depósitos bancarios. En cifras concretas, el pasado mes de Marzo los depósitos españoles crecieron la friolera de 10.200 millones de euros y a nivel europeo, el importe aparcado en estos instrumentos financieros, alcanzó los casi 8 billones de euros.

El sueño de la razón produce monstruos. Un monstruo de 8 billones de cabezas que devora el ahorro sin miramientos, pues con tipos de interés cero o peor aún, negativos, más la erosión silenciosa de una inflación anual baja pero a tener en cuenta, persistir en suscribir depósitos bancarios no parece la decisión financiera más atinada.

El coste de oportunidad de invertir en un depósito que paga una miseria, que supone una pérdida real de capacidad adquisitiva para ese capital, es una evidencia ante la que cualquier ahorrador medianamente informado debería revolverse.

¿Qué es el coste de oportunidad?

En este punto conviene aclarar qué es el denominado coste de oportunidad, que no es otra cosa que la pérdida de ganancias potenciales que podrían haberse generado si un ahorrador hubiera utilizado su dinero de una manera diferente invertido en productos alternativos. Como mantener un depósito genera beneficios pírricos o incluso gastos (por comisiones bancarias, inflación, etc..) el coste de oportunidad de esta estrategia miope puede ser bastante alto. 

Académicamente, el término lo acuñó uno de los fundadores de la Escuela Austríaca de economía, Friedrich von Wieser en su «Teoría de la economía social» publicada en 1914, al estudiar el uso de los recursos y, más concretamente, los costes concretos de las elecciones económicas alternativas.

Como decía antes, los depósitos tienen rendimientos reales muy bajos o incluso negativos después de considerar los efectos de la inflación, y mantenerlos significa estar renunciando a la oportunidad de obtener rendimientos significativos mediante inversiones alternativas.

Gracias a la digitalización, actualmente un inversor (sea particular o empresa) que desee diversificar su cartera y obtener rentabilidades reales positivas puede encontrar multitud de opciones para sacar rendimiento a sus ahorros. Una opción interesante son los activos de deuda corporativa, que no es más que un instrumento de Renta Fija donde el inversor presta a compañías a cambio de la devolución de su principal más unos intereses. Y hoy en día, la gran ventaja es la existencia de mercados secundarios donde el inversor puede seleccionar él mismo los activos con ratings elevados e históricos de pagos positivos para reducir a la mínima expresión el riesgo inherente de la inversión. Activos con atractivas rentabilidades esperadas (desde el 4%) y que suelen contar con garantías adicionales (reales, hipotecarias o afianzadas con seguros de crédito).

El coste de oportunidad de tener posiciones en depósitos y no en deuda corporativa, cuando existe la posibilidad de invertir en activos garantizados es pues, evidente.

¿Y qué ocurre con el exceso de liquidez?

Sucede lo mismo cuando disponemos de excedentes de liquidez en cuenta, con el matiz que aquí el arrastre de rendimiento (diferencia entre el rendimiento de una inversión suponiendo que no hay costes asociados con ella vs después de deducir los costes asociados con ella) es el mayor posible, pues el efectivo es la fuente principal de arrastre de rendimiento en una cartera.

Mantener una excesiva porción de una cartera en efectivo en lugar de invertir esta porción en el mercado, a la espera de que nuestro olfato inversor nos indique el momento exacto de entrada conlleva perder tiempo y dinero. Debido a que el efectivo generalmente tiene rendimientos reales muy bajos o incluso negativos después de considerar los efectos de la inflación, la mayoría de las carteras obtendrían un mejor rendimiento al invertir parte del efectivo en el mercado. Sin embargo, algunos inversores deciden mantener el efectivo pero pagando cascadas de comisiones de las cuentas correspondientes e incurriendo en un coste de oportunidad de tomo y lomo.

Nadie puede negar que rodeados de incertidumbre, tras una experiencia epidémica traumática y con poca visibilidad sobre lo que pueda suceder a corto o medio plazo, la alegría inversora ha bajado muchos enteros, pero eso no debe significar olvidar algunas de las reglas básicas de la inversión y, especialmente, la de intentar evitar perder dinero creyendo no perderlo, al tenerlo paralizado en cuentas corrientes de efectivo o en depósitos con nombres atractivos pero rentabilidades exiguas, cuando no directamente mentirosas.

La solución: Invertir parte de mi cartera en activos alternativos

Mi consejo es que pongan la liquidez a trabajar en alternativas de inversión que más se adecuen a su perfil de riesgo. Y opciones como las ofrecidas por la deuda corporativa, bajo criterios de diversificación, no concentración de inversiones en un solo producto (aquí los marketplace son de total ayuda, pues su oferta es muy amplia) y escogiendo entre diversos emisores, plazos y tipología de deuda son muy interesantes en estos tiempos de altas volatilidades. Su coste de oportunidad bajará en picado y la eficiencia de su inversión aumentará considerablemente.

En el entorno actual, la liquidez en cuenta corriente y los depósitos son falsos burladeros frente a los que existen alternativas mucho más rentables y sólidamente garantizadas. Son cotos cerrados a los que la Banca va a someter a nuevas servidumbres, en forma de comisiones de todo tipo que harán que su dinero pierda valor día a día y su coste de oportunidad se dispare.

El exceso de liquidez o los depósitos bancarios, hoy por hoy, son garantía de no acertar y de perder en ambas elecciones. Por el contrario, y en su extremo, podemos encontrar una de las mejores opciones de inversión actuales: la renta fija corporativa.

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