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«Ángeles caídos» en finanzas: ¿cómo evoluciona el mercado mundial de deuda?

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07/05/2020
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En términos bíblicos, los «Ángeles caídos» son los primeros ángeles que Dios creó pero que por vanidad y orgullo se fueron alejando de él, comenzando a cuestionarlo, lo que motivó que fuesen desterrados del cielo y, muchos de ellos, enviados de cabeza al infierno.

En términos financieros el símil y la expresión fueron acuñados en el año 1984 por David Solomon, a la sazón director de Solomon Asset Management, que en ese momento era una firma de inversión líder en el campo emergente de los bonos basura.

En detalle financiero, se verifica como ángel caído a un bono que ha perdido su calificación de deuda de grado de inversión al ser rebajado al escalón BB + o menos (categorías consideradas basura o, más cortésmente, de alto rendimiento) por al menos dos de las tres principales firmas de calificación (Moody’s Investors Services, S&P Global Ratings y Fitch Calificaciones) después de haber sido calificado anteriormente como BBB- o superior. Las rebajas pueden ocurrir cuando una empresa no genera suficientes ingresos o no genera suficiente efectivo para pagar su deuda, o cuando asume tanta deuda que su apalancamiento -generalmente calculado por la deuda como una medida de ganancias- se vuelve desproporcionado.

¿Qué sucede cuando los bonos pierden el estado de grado de inversión?

Una caída al estado «basura» afecta tanto a los prestatarios como a los inversores. Para las empresas, las rebajas hacen que los préstamos sean más caros y suscita la necesidad de agregar convenios de deuda a los contratos formales con los tenedores de bonos. Estos convenios protegen a los inversores que aceptan prestar al emisor (ahora de más riesgo) y, a menudo, evitan que la empresa beneficie a los accionistas a expensas de los tenedores de bonos. El estado «basura» también puede forzar una ola de ventas por parte de compañías de inversión y fondos cuyos mandatos les impiden tener créditos por debajo del grado de inversión. Es posible que los precios de los bonos deban caer para compensar a los inversores por tener una seguridad menos líquida o negociada activamente.

¿Dónde estamos ahora?

Tras una década de deuda corporativa creciente que siguió a la crisis financiera de 2008, en el que las empresas aprovecharon las bajas tasas de interés récord, el tamaño del mercado estadounidense de grado de inversión se ha más que triplicado hasta alcanzar los casi 6 billones de dólares. Los bajos costes de endeudamiento de esta década allanaron el camino para que las empresas emitiesen deuda y adoptasen estrategias agresivas de crecimiento sin pensar en otros escenarios menos favorables. Además de eso, la indulgencia de las firmas calificadoras permitió a las compañías mantener calificaciones de grado de inversión a pesar de las elevadas tasas de apalancamiento. Los inversores hambrientos de mayor rentabilidad en un mercado de bajo rendimiento estaban dispuestos a prestar abundantemente, incluso cuando se escucharon advertencias sobre la capacidad de tanta deuda para soportar una recesión o un evento inesperado.

¿Qué ha pasado?

La pandemia del coronavirus, el cisne negro del año, ha hecho que esas posibles preocupaciones hayan emergido de manera inmediata. A medida que las empresas han visto interrumpida su cadena de suministros, la demanda de sus productos o ambas cosas, las proyecciones de ganancias han caído como un ángel en desgracia. Eso ha llevado a los inversores a comenzar a anticipar rebajas para una porción cada vez más amplia de este mercado.

Principales afectados

Los inversores se están centrando en gran medida en la deuda de grado de inversión que tiene al menos una calificación BBB- o equivalente, solo un nivel por encima de la calificación de bono basura. Los nuevos problemas económicos empujan casi a 1 billón de dólares en deuda de las compañías (el 50% de la deuda corporativa USA está calificada como grado de inversión) y parece que el mercado ya ha tomado una decisión sobre aproximadamente un tercio de eso, negociando los bonos como si hubieran caído en estado «basura», incluso antes de que las agencias de calificación de crédito se hayan pronunciado en firme. Por su parte, a los gestores que ya pescaban en esas aguas para arañar décimas de rentabilidad a costa de riesgos superiores, no les va a quedar otra que persistir si las cosas no se reconducen.

Un posible cortafuegos…

Ante semejante posible descalabro de consecuencia apocalípticas, los Bancos Centrales han salido al recate de este celestial pandemónium y tanto la FED como el BCE en un ejercicio de flexibilidad indispensable han empezado a tomar medidas al respecto.

La FED ya contempla junto a la adquisición de deuda corporativa, también la de deuda de alto rendimiento (high yield) mientras que el BCE, siempre más papista, ha limitado sus compras de deuda al grado de inversión, si bien incluyendo a estos ángeles descarriados, y parece que ya se escuchan a lo lejos trompetas que anuncian que puede incluir también deuda high yield en el objeto de sus compras para devolver a estos caídos celestes hasta sus antiguos cielos.

Por el bien de todos, de empresas, inversores, gestores y del funcionamiento de los mercados esperemos que esta vez sí sea diferente y se pueda reconducir un segmento de mercado imprescindible, como el de la Renta Fija, a niveles no necesariamente angelicales pero sí a la salvaguarda de una situación endemoniada que pueda convertirse en infernal.

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